Modalidades discursivas

Las modalidades discursivas determinan el modo en que se usa el lenguaje en las diversas situaciones de comunicación, en relación con su grado de compromiso frente a lo que dice (modalidad personal), con los participantes de la interacción (modalidad interpersonal), y con sus intenciones comunicativas (modalidad funcional). Cada uno de estos aspectos determina las elecciones lingüísticas que los participantes realizan para elaborar sus mensajes. A partir de estos elementos, podemos hablar de tres tipos de modalidades básicas.

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Modalidad personal

La modalidad personal se relaciona con la identidad y la posición de los participantes y permite señalar qué tanto se involucran con lo que dicen, es decir, si personalizan o no su discurso: pueden decidir hablar desde su yo o hablar desde una voz impersonal; o sea, utilizando la tercera persona. Un tenor personalizado es común en las conversaciones cotidianas, mientras que un tenor impersonal es característico de las situaciones de comunicación más formales, como, por ejemplo, el reportaje que leíste sobre los hombres y la crianza. En él, el escritor no usa su “yo” para hablar del tema, sino que lo hace desde un punto de vista externo, despersonalizando su discurso. El uso de “nosotros” se sitúa en la frontera entre lo personal y lo impersonal.

Modalidad interpersonal

La modalidad interpersonal se basa en la relación que se establece entre los participantes de una situación comunicativa y se sustenta en dos ejes: proximidad/distancia y jerarquía/solidaridad. Es aquí donde hablamos de simetría y asimetría entre los participantes. Considerando la relación que establece con su oyente o receptor, el emisor escogerá diferentes formas lingüísticas, como tratamientos corteses o informales (usted o tú), palabras más simples o complejas, entre otros. Podemos decir que el tono interpersonal se define por quién habla y a quién.

modalidad funcional

La modalidad funcional se relaciona con las intenciones comunicativas de los participantes. Se define por el propósito con el que se produce un mensaje, ya que según sea su propósito, el emisor podrá escoger diferentes formas lingüísticas: puede querer ser expresivo, directo, didáctico, crítico, provocativo, informativo, entre otras, lo que determinará las palabras que escoge para elaborar su mensaje. Por ejemplo, una carta de amor tiene un tenor funcional de tipo más expresivo que una carta al director de un diario, que puede tener un tenor informativo o crítico, como en el caso del reportaje que leíste, en donde el tenor funcional puede ser caracterizado como informativo y reflexivo.

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