Nivel educacional o estrato (variación diastrática).

Variación diastrática

Hemos escuchado varias veces expresiones como “te voy a pegarte” o “dentre nomá caallero”. Y sabemos o intuimos que los emisores de tales mensajes tienen un grado de educación inferior al nuestro. La variación diastrática nos permite distinguir dos niveles: uno culto y otro inculto (e innumerables variedades intermedias).

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Considerando las diferencias de estilo y nivel se suele hacer una matriz que permite una mejor descripción de las lenguas funcionales. Aquí se detallan algunos de los rasgos de estas cuatro normas en el dialecto español actual:

Culto formal

Es el modelo de lenguaje usado por el hablante culto en situaciones formales: discusiones de proyectos entre profesionales, debates públicos, discursos, informes escritos, etc. Se caracteriza por:

  • Amplitud de recursos expresivos y léxicos.
  • Precisión conceptual (no se dice “cosa” sino “platillo”; tampoco se diría “no entiendo una cuestión”, sino “todavía no comprendo a qué se refiere con uno de sus argumentos”).
  • Mantiene un discurso fluido y continuo.
  • Uso del “usted” para la segunda persona (“Venga, por favor”).
  • Utiliza correctamente los nexos gramaticales y formas verbales.
  • Pronunciación apegada a la norma escrita (en “alcohol” se pronuncian dos “o”) y, en extranjerismos, a las formas originales.
  • Uso de tecnicismos (cefalea, macroeconómico) y cultismos grecolatinos (equilátero, esquizofrenia, in situ, a priori).

Culto informal

En este caso el hablante aún siendo culto y competente lingüísticamente, se manifiesta relajado. La variedad informal es la más usada en la lengua ya que se emplea en la vida cotidiana, entre familiares y amigos. Sus principales características son:

  • Es espontáneo y expresivo (movimiento de manos, ojos, cuerpo en general).
  • Presenta un uso discontinuo del código, lo que refleja su conocimiento, pero no un apego excesivo a las normas.
  • Pronunciación relajada de /d/, /s/ y /tr/.
  • Simplificación de grupos vocálicos (alcol en vez de alcohol) o consonánticos (obio en vez de obvio, tramporte en vez de transporte).
  • Tendencia a abreviar (tele, fono, micro).
  • Sencillez en la ordenación sintáctica de la frase.
  • Presencia de frases hechas o muletillas de moda (“ponte tú…”, “olvídate”).
  • Abuso de muletillas como “cosa”, “cuestión.”
  • Uso indistinto de “tú” y “vos” para la segunda persona (¿vas a venir? o ¿vai a venir?).
  • Se evita el hiato (Juaquín en lugar de Joaquín, almuá en lugar de almohada, linia en vez de línea).
  • Abuso del diminutivo, incluso en formas no nominales (atracito, rapidito, allacito, ayayaycito).
  • Uso de indigenismos: guacho, guata, pucho, pololear, piñén…
  • Uso de apodos.
  • Preferencia de algunos signos en lugar de otros: plata (dinero), pelo (cabello), chico (pequeño), contar (narrar)…

Inculto formal

es el modelo de lenguaje usado por el hablante inculto en situaciones formales: visitas al médico, comparecencia en tribunales, discursos públicos. Se trata de una relación asimétrica, trata de hablar con respeto y formalmente, intentando imitar la norma culta, pero su limitado manejo de léxico y de estructuras gramaticales complejas lo delatan. La norma inculta formal, típicamente oral, se caracteriza por:

  • la existencia de ultracorrección: el hablante tiene conciencia de que su norma es deficiente y trata de corregirla imitando la norma culta, pero equivocándose. Por ejemplo, sabe que no es correcto decir “maire” (en lugar de “madre”) y lo corrige, pero extiende la regla a la palabra “aire”, y luego dice “por favor, cierre la puerta para que no pase el adre”. Por eso a veces se oye decir toballa, bacalado, ajíses, fuistes.
  • Abuso de muletillas y otras palabras sin función concreta en su discurso. Sobre todo hay imprecisión y redundancia de conectores.
  • Elección de palabras y frases “prestigiosas”, oídas en los medios de comunicación masiva, pero incorrectas (“metereólogo”, “me duele el celebro”) o descontextualizadas (“mi mami colapsó en la cocina”, “la pelea fue dantesca”).
  • Errores en la concordancia gramatical al elaborar textos complejos (“El cuerpo de carabineros hizo un comunicado, la cual dijo que no había que preocuparse”)

Inculto informal

En este caso el hablante que no es culto ni competente lingüísticamente, se manifiesta relajado. Sus principales características son:

  • Emisión discontinua del discurso por falta de recursos léxicos.
  • Imprecisión en la ordenación sintáctica.
  • Gran pobreza léxica. Sus palabras son, sobre todo, concretas (sus referentes son “cosas”) y del entorno cotidiano.
  • Pronunciación muy relajada, con simplificación de grupos consonánticos (ausoluto, paire, caule), cambios de sonidos (juego en vez de fuego, güitre en vez de buitre, cardo en vez de caldo), adición de sonidos (dentrar, garuga, sandiya, sure, comere…) y pérdida de sonidos (aonde en vez de adonde, reise en vez de reírse, tabién en vez de está bien, caallo, córrete pal lao…).
  • Uso extendido del “vos” y modificación en la conjugación del “tú” para la segunda persona (“soi cochino” o “eríh cochino” en vez de “eres cochino”).
  • Confusión y duplicación de pronombres (“me le perdió”, “no te vai a caerte”).
  • Desuso del imperativo monosílabo (sale en lugar de sal, tiénemelo en lugar de ténmelo, pónetelo en lugar de póntelo, etc.).
  • Conjugación modificada del subjuntivo de los verbos “haber” (haiga, haigai, haigamo) e “ir” (“no vai a ver” en vez de ”no vayas a ver”, o “no se vaigan a caer”), entre otros.

Las cuatro normas descritas pueden complementarse con otros usos vinculados tanto con lo culto formal como con lo inculto informal:

El uso supraformal (relacionado con la norma culta formal)

En algunas situaciones protocolares o rituales se usa un lenguaje caracterizado por su rigidez absoluta e imposibilidad de cambiar el léxico o la gramática. Esto ocurre en algunos oficios religiosos, ritos, ceremonias castrenses, relaciones diplomáticas, eventos oficiales de los gobiernos, etc.

El uso estándar (relacionado con la norma culta formal)

En la educación formal (el colegio, la universidad) se enseña la variable estándar de la lengua, esto es, una herramienta para elaborar y comprender mensajes verbales de un mediano nivel de complejidad en un nivel culto y formal, para que el hablante pueda desempeñarse en cualquier ámbito comunicacional, no sólo con su familia y amigos, sino con los medios de comunicación masiva, los profesionales, el Estado, la ciencia, la filosofía y el arte, independientemente del país o la región y de la edad del hablante. Cuando se habla, en general, de “norma española”, se está haciendo referencia a esta variable estándar, que pretende ser reflejo fiel de la lengua. El uso estándar pretende ser panhispánico permitiendo la comunicación entre todos los hablantes de la lengua, por ello es una modalidad que desea ser transversal situándose por sobre las variables diatópicas, diacrónicas, diastráticas y diafásicas propias del uso habitual.

El uso marginal o antinorma (relacionado con la norma inculta informal)

Es un uso rudimentario, propio de individuos que están fuera, al margen, de los grupos y clases sociales que constituyen una comunidad. Sujetos pauperizados como mendigos y vagabundos o aquellos que en pobreza y/o enfermedad extremas jamás se han educado ni han tenido, o han tenido muy poco, la opción de trabajar.

Sobre todo este uso marginal, pero también el uso inculto en general, presenta la dificultad para comunicar mensajes precisos y abstractos, por la pobreza de su conocimiento lingüístico y su mundo cultural. Por lo tanto, no es que el lenguaje inculto “diga las cosas de otra forma”, sino que es incapaz de expresar ideas abstractas y conceptos precisos.

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