Teatro del absurdo

Teatro del absurdo es un concepto que se utiliza para denominar a un conjunto de obras —de escritores como
Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Arthur Adamov, Jean Genet y Harold Pinter— que presentan la existencia humana
como ridícula e insignificante, inmersa en un universo totalmente impredecible, en el cual las personas son incapaces de comunicarse unas con otras, debido a sus limitaciones innatas.

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El Teatro del absurdo son obras que presentan la existencia humana como ridícula e insignificante, inmersa en un universo totalmente impredecible.

El término, “Teatro del absurdo” fue acuñado por el crítico inglés Martín Esslin, para denominar la obra de un conjunto de dramaturgos pertenecientes a la década del cincuenta (como los mencionados en el párrafo anterior), que se caracteriza por establecer una ruptura con respecto al teatro tradicional y una negación al realismo dramático. A juicio de Ionesco, el nombre obedece al hecho de que la crítica se encontró con algo nuevo que no sabía cómo nombrar.

En el origen de esta tendencia encontramos la reacción frente al quiebre que provoca la Segunda Guerra Mundial,
surgiendo como un intento de plasmar el sinsentido general en consonancia con la sensación de absurdidad de
la época. Los dramaturgos pertenecientes a esta corriente hacen lo posible por presentarnos la irracionalidad de
la condición humana y lo inadecuado de los mecanismos racionales de convivencia, mediante el abandono sistemático de las convenciones dramáticas tradicionales. En palabras de Martín Esslin, “el teatro del absurdo ha renunciado a debatir sobre lo absurdo de la condición humana, se limita a presentarlo en imágenes escénicas concretas” en un esfuerzo por integrar fondo y forma.

Entre las manifestaciones que distancian al teatro del absurdo del teatro tradicional, encontramos que el primero presenta:

  • El rechazo generalizado del teatro realista y de su afán por reproducir la realidad social y psicológica.
  • La ruptura del diálogo como forma de comunicación y entendimiento; debido a ello se presenta un lenguaje ilógico,
    caricaturesco y lleno de clichés.
  • La introducción de obras de un solo acto, ligada al abandono del conflicto como eje ordenador del desarrollo dramático.
  • Un ambiente opresor, sofocante, sin posibilidad de escapatoria.
  • Una secuencia de acciones y situaciones ilógicas, sin sentido, para acentuar la extrañeza y el aislamiento humano.
  • Una trama en ocasiones circular o que no conduce a ninguna parte.
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